Mente
El vigorizante poder de la creación

Muchas veces vemos películas o leemos libros sobre las vidas de los artistas y, aunque sepamos de sus sufrimientos y frustraciones, sentimos que están en parte compensados por el inmenso placer de la creación. Quizás no siempre sea cierto, y a veces las tribulaciones sean demasiado, aún para los más excelsos artistas, pero todos intuimos que el poder de generar algo nuevo, especial y único tiene un valor incalculable para nuestro ánimo.
La mayoría de nosotros no somos artistas, pero no por eso debemos dejar de darle importancia a ese maravilloso motor que todos poseemos y que es capaz de generar tanta gratificación y reconocimiento. No necesita ser una pintura al óleo o un rostro que nuestras manos extrajeron hábilmente de un trozo de mármol. La creatividad es juego y ensayo, poder liberarse de los límites y, aunque sea por un rato, zambullirse en lo nuevo.
¿Tiempo? ¿Dinero? Una tarde y una lata de pintura de veinte dólares o menos te pueden dar un cuarto con una pared de color diferente que cambia el estilo, la luminosidad y el humor. Dos rollos de friso de papel autoadhesivo y un poco de paciencia transforman el cuarto de lavar en un lugar al que es divertido entrar. Una comida diferente, un peinado distinto, los muebles en otro lugar. Para crear tan sólo debemos detenernos a pensar cómo podemos modificar la rutina de manera que lo familiar se vuelva novedoso.
No hace falta ser millonario ni cambiar totalmente nuestro estilo de vida, o forzarnos a hacer locuras que luego nos hagan sentir mal. Con la misma disciplina que hacemos siempre las misma cosas, obliguémonos cada tanto a renovar y cambiar algo pequeño que, como las especias a los alimentos, le pongan sabor y energía a nuestros días.







