
Los ataques de pánico son episodios de ansiedad intensa que ocurren sin previo aviso. Pueden ser un episodio único u ocurrir con más frecuencia, y no siempre es fácil identificar un factor desencadenante. Los síntomas muchas veces suelen confundirse con los de otras enfermedades (pre-infarto, mini-ataque cerebral), por eso es importante siempre ir al hospital inmediatamente para que un médico determine de qué se trata.
Se presentan por lo menos cuatro de los siguientes síntomas, generalmente durante 10 minutos, usualmente seguidos por un período de al menos un mes de miedo a tener otro ataque o de principios de algunos de los síntomas por un período breve:
• Sensación de dificultad para respirar o asfixia
• Mareo o desmayo
• Palpitaciones
• Transpiración, escalofríos o sofocos
• Náuseas o malestar estomacal
• Entumecimiento u hormigueo en las manos
• Dolor en el pecho
• Sentimiento de irrealidad o separación (sentir que “se está saliendo del cuerpo”)
• Miedo a morir
• Miedo a perder al control
Una vez diagnosticado un ataque de pánico el paciente está mejor preparado para una segunda vez, ya que el temor a un ataque cardíaco o cerebral es menor.
Es importante que se realicen todas las pruebas pertinentes y se diagnostique correctamente, ya que de tratarse de un mini-ataque cerebral o pre-infarto, por ejemplo, éstos pueden ser seguidos al poco tiempo por un ataque más severo.
Los tratamientos posibles, que suelen tardar algunos meses en alcanzar su máxima efectividad, incluyen las terapias cognitivas y psicoterapias y/o la medicación con ansiolíticos o antidepresivos, coadyuvadas por un régimen regular de sueño y alimentación, tratando de evitar la cafeína, el alcohol y otros estimulantes. El pronóstico suele ser bueno a medida que los pacientes aprender a evitar las situaciones que contribuyen a un ataque de pánico y aprenden a reconocer sus síntomas iniciales y a tomar las medidas adecuadas.