
Cuando hablamos de “mantenernos jóvenes”, pensamos en cosmética, ejercicios, cirugía. Quizás, de todo eso, lo más eficaz sea mantener el cuerpo sano a través del ejercicio y la comida sana, pero aún más importante es tratar de que nuestra mente se enfrente a desafíos que la hagan crecer. Sí, las neuronas de nuestro cerebro siguen fabricando las “dendritas” que las conectan hasta que morimos. Estimuladas con nuevos aprendizajes, partes de nuestro cerebro siguen “creciendo”.
Hagamos que nuestra mente “deba vérselas” con modelos diferentes: un nuevo idioma, un instrumento musical, clases de pintura, ajedrez. Si no tenemos tiempo para clases compremos o saquemos de la biblioteca algún libro que nos obligue a tratar de entender conceptos hasta ahora desconocidos, temas que nos interesan pero que nunca hemos explorado porque “ya es tarde” o “no hay tiempo”: el universo, la matemática, cómo se estructuran los idiomas con diferentes alfabetos al nuestro, los principios de religiones distintas a la que profesamos.
Aprovechemos también las “oportunidades de aprendizaje”. Si vimos la película reciente sobre Maria Antonieta ….¿por qué no ir a la biblioteca o al Internet y buscar información sobre el personaje real y su época? Claro, todos recordamos algo de la Revolución Francesa del colegio, pero….¿Cómo entenderíamos hoy lo que leímos de adolescentes? ¿Cuánto más enriquecedor puede ser ahora, habiendo vivido y madurado? Está seguro que hoy día escucharías con mucho más interés las clases de biología, te esmerarías más en las de matemáticas y podrías hacer muchas más conexiones con tu experiencia en las clases de historia.
Usa todo en tu vida como “excusa” para aprender algo, enriquecerte y enriquecer a otros. No estamos aquí como las flores, sólo para mantenernos frescas y bonitas el mayor tiempo posible. Demos alimento a nuestra mente, y llevemos nuestro reflejo mucho más allá del espejo.